A los que se resisten a la magistralidad de Babel.
En un artículo de La Vanguardia se ataca sin tapujos la falta de verosimilitud de la película, falta que ya me ha puesto de manifiesto más de uno. Yo, cabezona que soy, insisto que el cine es cine y que su objetivo no es siempre plasmar la realidad tal cual es, sino conseguir un efecto/afecto en el espectador. Iñarritu acude, en efecto, a sucesos reales (de eso no hay duda) y los une en una película a modo de denuncia. La película es real en cuanto trata temas reales, y a la vez inverosimil porque juega con unos mismos personajes, sujetos de todas las desgracias. Yo creo que todo ello está perfectamente justificado y con ese juego entre realidad y ficción consigue la impresión deseada.
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