
El viernes fui a la inauguración de la exposición "Hacia la luz! de Enrique Brinkmann, un pintor malagueño que tiene ya una trayectoría impresionante. Digamos que la exposición parte de un par de cuadros de 1957 hasta llegar a sus cuadros actuales. 50 años que delatan un recorrido de experiencias profundas, de cambios desde la oscuridad a las texturas gaseosas de sus rejillas. Al principio intervinieron el Alcalde y el Comisario que explicaron con soltura y buenos terminos todo el trabajo del pintor. Dejaron las últimas palabras al propio Brinkmann que frente a los demás se mostró un campechano de Torremolinos que dijo con toda natural "no sé lo que pensareis o si os gustará", todo con un fuerte acento malagueño que no pega para nada con su apellido. Este es el contraste del que ya hablamos en alguna clase de Estética entre el que se dedica al negocio del arte (un manipulador entendido y con una soltura de palabra mu grande) y el propio pintor, que suele ser una persona de su tierra, mu natural. Tanto Isa, como José, Tomás y yo salimos enamoradísimos de los cuadros de la última planta. Si vais a verla, os recomiendo hacerlo con tiempo y ganas porque son muchos cuadros (179!) y, además, empezad por esa última parte...
El sábado fuimos unos cuantos a ver la Performance del CAC, la del Tarzán ese. Nos quedamos 15 minutos esperando para ver si hacía algo, pero no. Simplemente, se queda ahí, suspendido del suelo. La idea puede ser buena puesto que despierta curiosidad, el espectador interviene, pregunta, espera...pero para mí eso no es una performance! yo lo llamaría más bien una escultura humana o algo así. Así que tras la pseudo-decepción (que no decepción completa) nos fuimos de cocteles al Quitapenas, qué peligro...acabamos a las mil!
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