lunes, enero 29, 2007


El sábado fuí a ver APOCALIPTO. Mel Gibson será un cabrón conservador misógino, pero tiene una mente privilegiada, un punto de vista y una mirada únicas. Una película que te hace sentir la tensión y el miedo físicamente. Llevaros una pelotilla de esas para el estrés si no quereis acabar con el brazo del compañero/a que tengais al lado. Ya sé que es sorprendente y poco creible la fortaleza del protagonista que corre durante no sé cuanto tras haber sido atravesado por una flecha, pero en fín, me lo creo y me lo quiero creer de ese indígena salvaje de cuerpo atlético e instinto de supervivencia! No comment. Por cierto, no contaré nada más, pero a mí me ha parecido toda una metáfora de nuestro mundo. La película comienza con una frase: un mundo (o un imperio, no lo recuerdo muy bien) sólo se acaba cuando se destruye a sí mismo. El final me ha encantado, sin palabras, con pocas imágenes, ciertamente neutral y significativo a la vez.
Por la noche estuve en un conciertillo en Planta Baja (Granada) de un grupo llamado Tabletom. No es que me gustaran especialmente, pero los músicos sí eran muy buenos, unos artistas de verdad. Tienen un grupo de Jazz que seguramente me gustará mucho más porque los trompetistas (como yo les llamo porque, en realidad, no eran trompetas sino clarinete y saxo), se marcaban unos solos buenísimos. Igual que los piques entre guitarra y saxo.

Y ayer a parte de una peliculita clásica de Lubitsch "Una mujer para dos" (este Ernst mio siempre tan sutilmente irónico y transgresor para su época) tuve una cita inusual, sorpredentemente divertidísima, distinta, irrepetible, con completos desconocidos que parecen afines de toda la vida...que ya contaré en otro momento. ¡QUE SORPRENDENTE ES LA VIDA DE VEZ CUANDO!

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