




Me he dado cuenta que mi blog lo tiene más gente de la que yo creía. Voy a tener que andar con pies de plomo :)
Hoy me toca un poco de arte. He visto dos exposiciones que me han encantado. La primera es la de Raymond Pettibon en el CAC de Málaga. Sus dibujos y videos evocan el espíritu americano, del surf, del beisball...y ello me ha transportado al verano de California. Ya con eso ha sido suficiente. A cada paso revivía impresiones y mi sonrisa era tan grande al salir del museo que casi suelto una carcaja yo sola, enfrente de las miradas curiosas y sorprendidas de las chicas de los tickets. Pero es que, además, no ha sido solamente eso. Los cuadros con frases, poesía, pensamientos impresos me gustan especialmente. Es como leer el arte. Quizás la exposición se reduzca con ello al conocedor del inglés y, también, seguramente, no es la mejor exposición para ver sin comprometerse ("ver por ver"). Los dobles sentidos son muy buenos. El cuadro elegido por los críticos es muy representativo en este sentido. El del Wastington Post escenificado por un cuervo.
La otra exposición es la de "La destrucción creadora. Gustav Klimt, el Friso de Beethoven y la lucha por la libertad del arte" en la Fundación Juan March en Madrid. Fuí a la inaguración el día 6 de Octubre junto con otros muchos que se agolpaban en la puerta y luego alrededor de los cuadros con la boca abierta hasta los pies. Demasiada gente, pero a mí no me importó. Gustav Klimt decía que era mejor no gustar a nadie, porque si tu arte gustaba es que era una copia de lo mismo. Se tomó esto muy en serio, porque sus pinturas levantaron las críticas más fuertes de la sociedad vienesa de la época. Ya lo sabeís, desnudos simbólicos y amantes besándose en posiciones extravagantes, floreados e iconos simbólicos aparecen en todos los cuadros. La mayor parte de la exposición son vocetos para los cuadros encargo de la Universidad de Viena: Medicina, Jurisprudencia y Filosofía, cuadros que desgraciadamente desaparecieron en la II Guerra Mundial y de los que se conservan únicamente fototipos. A la Universidad no le gustó nada el trabajo de Klimt y el Friso para el Aula Magna fue retirado y, gracias a ello, conservado para el deleite de nuestros ojos. Menos mal. A mí, y lo siento por Klimt, sí me gusta su arte y, a pesar de que estaba cansada y tenía unos zapatos de tacón que me estaban matando, crucé medio Madrid para ver ese Friso en honor a Beethoven, presentado al público vienés en una de las exposiciones de la Seccession, bajo las notas de la Novena Sinfonía que aún resuenan cuando lo miras. Es, como reza el título, una lucha por la libertad del Arte.
Nota: os preguntareís algunos que hacía en Madrid. Fuí a la investidura de nuevos doctores. Un acto protocolario, con disfraz, medalla y abrazo fraternal. Bien, muy bien. Para mí, una excusa para acercarme a mi querida Madrid, por sus calles y, tengo que decirlo si no reviento, por la Fnac y por el mercado de Fuencarral!
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